La historia de cada uno está siempre ligada a la circunstancia histórica del tiempo y del lugar donde vive.
Cuando mi familia se trasladó a una ciudad del interior, distante casi trescientos kilómetros de la Capital Federal, parecía que mis proyectos quedaban cancelados o anulados para siempre. El anhelo de ser médica ya había pasado al archivo, no tanto por la imposibilidad de cursar estudios universitarios como por una decisión interior mía. Cuando debí realizar las tareas prácticas en el laboratorio de Histopatología sentí que no me agradaba el contacto con el material, tejidos humanos, ni el olor contínuo a formol de hido, o lo que era peor aún, el olor a enfermedad y muerte. Me había acostumbrado a ver fetos, órganos, o a sentir la sierra que cortaba huesos humanos para preparar las biopsias. Eso ya no me afectaba. Sin embargo, el olor era algo casi insoportable. Se metía en mi cerebro, contaminaba mis ropas. Cuando llegaba a casa mi madre me decía: quitate rápido el vestido, huele a morgue!
Aquello no era para mí, lo lamentaba, porque me apasionaba el estudio de la medicina. Claro que no podía ser algo teórico, mis amigos mayores me alentaban para que continuara, "luego te acostumbras también a sentir los olores", me decían. Pero yo dudaba.
El día que me entregaron el certificado de estudios donde constaba mi título de Preparadora de Histología salí casi corriendo del hospital, sin mirar para atrás. Sentía un gran alivio, había finalizado una etapa, ahora esperaría o intentaría algo diferente.
Y el otro proyecto? Aquel de ser docente, el primero de mi adolescencia. Parecía que también debía olvidarlo. En Colón no había Escuela Normal, solo un Instituto privado que llevaba el nombre de la ciudad donde se podía cursar un ciclo básico trienal. Los jóvenes de familias ricas viajaban a Pergamino para continuar estudios superiores. No era mi caso.
Debía salir adelante con lo que tenía, un título secundario y otro terciario. Era suficiente. Además no era algo que me preocupaba demasiado, tal vez debido a la inocencia y el entusiasmo propio de la juventud. Había materias pendientes en cuanto a proyectos y ambiciones, la vida se presentaba como un tablero de ajedrez, era necesario pensar mucho antes de mover una pieza, pero la posibilidad del jaque estaba latente.
Luego de pasar por la experiencia de vendedora en la tienda o "Boutique El Chiche", como dijo una clienta, había ascendido y ahora era secretaria y auxiliar administrativa en una empresa constructora importante: Lau-Vil. Cuando les digo a mis nietas que en esos tiempos no existía la computadora y escribía cartas y circulares con la Remigton, al tacto y velozmente, o llenaba formularios y recibos con letra manuscrita, no lo pueden creer. Sin embargo de esa tarea surgió la posibilidad de concretar el viejo proyecto de ser docente. Casi como por casualidad o como por milagro.
Un día llegó a la oficina el farmacéutico del barrio, don Herminio Noé, a efectuar unos pagos y debí extenderle un recibo; bajo su atenta mirada decidí lucirme y escribí con letra caligráfica, con pluma cucharita y tinta fluida azul, su nombre y el importe. El hombre quedó asombrado ante tanta precisión y belleza. Me preguntó dónde había estudiado y que título tenía, con orgullo le respondí: "Estudié en Buenos Aires y soy Perito Mercantil Nacional".
Pocos días después me llamó a su oficina y me propuso una cátedra como profesora de Caligrafía-Dibujo en el Instituto Adscripto Colón del cual don Herminio era el Vicedirector, algo que yo ignoraba por ser nueva en la ciudad.
Me presenté en la escuela, llené la solicitud, entregué mi curriculum, que en ese tiempo no se llamaba así, por supuesto. Me aceptaron y algunos meses después, cuando se iniciaba el ciclo superior comercial por primera vez en la historia de la ciudad me vi ante una clase de más de veinte adolescentes. Ellos asombrados y felices de tener una profesora tan joven, yo emocionada y un poco temerosa. Sería docente, se cumplirían mis deseos. Me preguntaba si estaba preparada para la responsabilidad que tenía delante. De todos modos creía que no sería por mucho tiempo, me habían pedido que dictara la materia hasta que llegara una persona con más experiencia.
Recuerdo el primer día, yo esperaba al preceptor que me presentaria a los alumnos, entretanto miraba una clase de Biología del profesor que me antecedía, era don Herminio, había escrito en el pizarrón el número once con grandes caracteres y preguntaba al grupo de jovencitos a su cargo: Ven este número? Qué número es? Los chicos repondían a coro: Once! Bien, continuó él con voz autoritaria, esos son los años que hace que dicto esta materia, por lo tanto ninguno de ustedes podrá hacerme trampas, ni mentirme, yo sé más que ustedes y cuando ustedes van...yo estoy de vuelta! Al oir aquello pensé: "Si tengo que estar ese tiempo frente a un aula como profesora me muero de sòlo pensarlo!" En ese momento no me imaginaba que estaría como docente, en esa misma escuela, nada más y nada menos que veinticinco años!, y cinco más en otra escuela similar, sin morirme de angustia, con gran felicidad. A veces decìa: hago lo que me hace feliz y encima me pagan por ello, gracias! Claro que no todo fueron rosas, tambièn pasè momentos muy difìciles.
A partir de aquel 19 de marzo de 1958 me esperaba un largo camino de lágrimas y sonrisas como docente.
Mostrando entradas con la etiqueta caligrafía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta caligrafía. Mostrar todas las entradas
sábado, 28 de agosto de 2010
martes, 9 de febrero de 2010
Arte y artesanías
Siempre me pregunto si soy artista o artesana, creo que la respuesta es las dos cosas a la vez, de acuerdo a las circunstancias; artista porque puedo crear y expresarme, artesana porque soy capaz de llevar mis creaciones a la práctica, dibujando, pintando o modelando. Quizás me falte libertad o un poco de locura para hacer cosas que me cataloguen como artista plástica y sólo sea una docente de Caligrafía y Dibujo que hace cosas lindas en su tiempo de jubileo. Finalmente no me interesan los títulos que me pongan los otros, he decidido ser ARTISTA! Ya preparé mis tarjetas de presentación que dicen: GALART, Arte Caligrafico, Writing, Ilustraciones. Corsi di Scrittura.
Bueno... como sea, estoy preparando láminas, a la acuarela, con modelos de letras Cadel, Italic, Copperplate. Antes de fin de mes visitaré negocios de Venezia ofreciendo mis producciones, allì hay comercios que se especializan en el tema. Descubro o redescubro mi pasión por la caligrafía, estudio nuevas técnicas consultando enciclopedias sobre el tema en la Biblioteca Bertoliana di Vicenza, en la sede de mi barrio. Artista y autodidacta. Sigo adelante con mis proyectos, cuento con mucho a favor: conocimientos y vasta experiencia, buen pulso y buena vista.
Bueno... como sea, estoy preparando láminas, a la acuarela, con modelos de letras Cadel, Italic, Copperplate. Antes de fin de mes visitaré negocios de Venezia ofreciendo mis producciones, allì hay comercios que se especializan en el tema. Descubro o redescubro mi pasión por la caligrafía, estudio nuevas técnicas consultando enciclopedias sobre el tema en la Biblioteca Bertoliana di Vicenza, en la sede de mi barrio. Artista y autodidacta. Sigo adelante con mis proyectos, cuento con mucho a favor: conocimientos y vasta experiencia, buen pulso y buena vista.
lunes, 8 de febrero de 2010
Iniciando el Blog
Hace varios años que escribo a mano mi Diario. Claro que la escritura manual de alguna manera descarga las tensiones, el estrés, como se dice desde hace un tiempo; parece que al derivar del inglés el usar esa palabra "rejuvenece" al escritor. Bien, como decía el escribir a mano es para mí una terapia, luego puedo tachar, agregar, pegar recortes periodísticos, hacer dibujos, etc. Lo negativo es el volumen y el peso del Diario, por lo general una agenda reciclada, algo incómodo para trasladarla en mis viajes o mudanzas, o para esconderlo cuando no quiero que alguna persona indiscreta ande curioseando lo que escribo. Al hacer un blog, imagino que este término también tiene un origen anglosajòn, ya no tendré esos problemas y tal vez pueda guardar todo en una llave que podrá pender de mi cuello como la que lleva mi nieta Anais. Qué maravilla la Informática! Creo que la diferencia entre un Blog y un Diario manuscrito es la misma que separa a un mail de una carta escrita a mano y enviada por el servicio postal antiguo, una curiosidad de museo para mis nietos. Manos al teclado y adelante Juana! Ayer le comentaba a mi hijo Carlos que yo soy del tiempo de la pluma cucharita y del tintero de porcelana en un agujero del pupitre de madera lustrada, eso en primero superior porque en el primer grado escribíamos con lápiz Faber N°2. Escribir con tinta era como pasar a ser "grande", claro que significaba una gran responsabilidad, y el desarrollo de una ritología que asustaba un poco. Era aprender el manejo de un equipo de trabajo delicado, el portaplumas o lapicera de madera, la pluma de acero modelo cucharita, el secante, etc. Debíamos cuidar que no se mancharan nuestros dedos, ni el delantal, que era de algodón blanco y no admitía manchas de ningún tipo; ni hablar de borrar... podía significar un agujero en el papel y una nota de advertencia escrita con tinta roja por la maestra: "Debes ser más prolija". A veces las plumas se abrían y enganchaban la hoja, o producían un salpicado horrible. Cuántas lágrimas, las primeras en la escuela.
Recuerdo una anécdota, en el recreo algunos compañeros comentaban, "mi mamá si me mancho el delantal me da una paliza", orgullosos de la disciplina, mi hermana y yo callábamos casi avergonzadas porque nuestra madre no nos reprochaba y posiblemente ni se daba cuenta si ello ocurría, entonces para no desentonar decidí mentir, y dije: a nosotras nos mata!, como para que entiendan todos que en casa no se hacia cualquier cosa. Después yo le pregunté a mi madre: ¿por qué vos no nos retás?, ella se encogió de hombros y siguió fregando la ropa con el pan de jabón Federal, como si nada; no había jabón en polvo, blanqueadores, ni lavarropa. Los delantales, que los compañeros uruguayos llamaban túnicas, eran de algodón cien por ciento, aún no habia aparecido la tela sintética, con tablitas y un lazo en la cintura que se sujetaba con un enorme moño. Luego mamá lo planchaba húmedo con almidón Colman, y eso le demandaba horas de trabajo. Las chicas ricas, como la sobrina de la maestra, llevaban los delantales a la tintorería del japonés del barrio, y los cambiaban dos veces por semana, lunes y jueves, eran las abanderadas. Mi delantal lucía un poco amarillento. Recuerdo que por tener notas altas en un acto patriótico me correspondía el alto honor de llevar la bandera , yo estaba muy contenta y emocionada, lo triste fue que a último momento la señorita me quitó la bandera y me dijo un poco abochonarda: "no... vos no, mejor Isabelita" (la sobrina), yo le pregunté tímidamente: ¿por qué? -"Porque tu delantal no está presentable". Tenía razón la señorita Carmen, pero a mí me produjo un gran dolor y vergüenza; no quiero enturbiar mi primera página del blog con un recuerdo triste, de todos modos mi maestra era muy buena y me quería mucho, siempre me ponía notas tales como "Muy bien felicitado", "Te felicito", "Excelente!" etc. y yo estaba firmemente decidida a ser la mejor aunque no llevara la bandera aquel 25 de mayo, tal vez más adelante... hablaría con mi mamá para que le pusiera lavandina, o más almidón, seguramente el 9 de julio podría pasar al frente y colocarme junto al busto de don Juan José Paso, portando la bandera y con el delantal blanquísimo. Cursaba tercer grado, la escuela llevaba el nombre del pròcer, era la N° 18 del Consejo Escolar 1° y estaba situada en la calle Belgrano al 500, en el barrio Monserrat de Buenos Aires. Mi maestra se llamaba Carmen Maristany.
Recuerdo una anécdota, en el recreo algunos compañeros comentaban, "mi mamá si me mancho el delantal me da una paliza", orgullosos de la disciplina, mi hermana y yo callábamos casi avergonzadas porque nuestra madre no nos reprochaba y posiblemente ni se daba cuenta si ello ocurría, entonces para no desentonar decidí mentir, y dije: a nosotras nos mata!, como para que entiendan todos que en casa no se hacia cualquier cosa. Después yo le pregunté a mi madre: ¿por qué vos no nos retás?, ella se encogió de hombros y siguió fregando la ropa con el pan de jabón Federal, como si nada; no había jabón en polvo, blanqueadores, ni lavarropa. Los delantales, que los compañeros uruguayos llamaban túnicas, eran de algodón cien por ciento, aún no habia aparecido la tela sintética, con tablitas y un lazo en la cintura que se sujetaba con un enorme moño. Luego mamá lo planchaba húmedo con almidón Colman, y eso le demandaba horas de trabajo. Las chicas ricas, como la sobrina de la maestra, llevaban los delantales a la tintorería del japonés del barrio, y los cambiaban dos veces por semana, lunes y jueves, eran las abanderadas. Mi delantal lucía un poco amarillento. Recuerdo que por tener notas altas en un acto patriótico me correspondía el alto honor de llevar la bandera , yo estaba muy contenta y emocionada, lo triste fue que a último momento la señorita me quitó la bandera y me dijo un poco abochonarda: "no... vos no, mejor Isabelita" (la sobrina), yo le pregunté tímidamente: ¿por qué? -"Porque tu delantal no está presentable". Tenía razón la señorita Carmen, pero a mí me produjo un gran dolor y vergüenza; no quiero enturbiar mi primera página del blog con un recuerdo triste, de todos modos mi maestra era muy buena y me quería mucho, siempre me ponía notas tales como "Muy bien felicitado", "Te felicito", "Excelente!" etc. y yo estaba firmemente decidida a ser la mejor aunque no llevara la bandera aquel 25 de mayo, tal vez más adelante... hablaría con mi mamá para que le pusiera lavandina, o más almidón, seguramente el 9 de julio podría pasar al frente y colocarme junto al busto de don Juan José Paso, portando la bandera y con el delantal blanquísimo. Cursaba tercer grado, la escuela llevaba el nombre del pròcer, era la N° 18 del Consejo Escolar 1° y estaba situada en la calle Belgrano al 500, en el barrio Monserrat de Buenos Aires. Mi maestra se llamaba Carmen Maristany.
Etiquetas:
abanderada,
caligrafía,
escuela primaria
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





