miércoles, 7 de abril de 2010
Caminando voy
Caminando... subiendo, andando. A veces sucedía que las vicisitudes de la vida pesaban demasiado y debía hacer una parada para frenar el ímpetu de la búsqueda; otros requerimientos impostergables detenían por un tiempo el andar inquieto tras las respuestas espirituales: la profesión, la empresa familiar, los hijos.
Mis treinta y cinco años marcaron un hito en mi vida; había alcanzado algunas metas propuestas en la adolescencia, tales como una carrera docente, el matrimonio, la formación de una familia, cierto bienestar económico. Sin embargo, cuando parecía encaminarme a una serena adultez, comenzó una etapa gris, de crisis conyugal, del quebrantamiento de una felicidad que hasta ese momento parecía inamovible. Y todo se precipitó cuando sufrí un accidente doméstico que me inmovilizó por un tiempo, algo inusual para mí, acostumbrada a una hiperactividad laboral y familiar. Desde ya la casa y la empresa funcionaban igual sin mí, me reemplazaban en parte parientes, amigos y empleados. Pero yo no me resignaba. Un pensamiento me sacudía el alma.
Estando en la mesa de operaciones, cuando el médico intervenía mi tobillo fracturado, tal vez por efecto de la anestesia, en un momento tuve un sueño o una visión terrible: alguien, vestido con una larga túnica blanca venía a buscarme, me tomaba de una mano y me llevaba consigo ascendiendo a través de un sendero luminoso hasta el espacio; de pronto explotaba una nube blanca y se abría el cielo, y oía una voz que exclamaba: DIOS!!, inmediatamente una gran paz inundaba mi ser y sentía una felicidad tremenda. Luego alguien me decía: "Debemos volver, aún te necesitan". Más tarde me desperté en la cama de un sanatorio, unas enfermeras me observaban y hablaban entre sí.
El recuerdo de aquella visión había cambiado mi vida. Más que un sueño fue una revelación; en ese momento yo entendí que todas las creencias sostenidas hasta ese día, las doctrinas, así como las teorías científicas y filosóficas consideradas eran falsas, no contenían la respuesta que yo anhelaba en cuanto al origen y la finalidad de la vida y la existencia de un Ser supremo. Ahora, más que nunca, debía reiniciar la búsqueda. Estaba otra vez en el camino.
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